S-adenosil-L-metionina (SAMe) como adyuvante en psiquiatría: fundamentos neurobiológicos, evidencia clínica y consideraciones de seguridad.
RESUMEN
La S-adenosil-L-metionina (SAMe) es un metabolito endógeno involucrado en el metabolismo de un carbono y en múltiples reacciones de metilación relevantes para la función cerebral. Su interés en psiquiatría se basa en su posible influencia sobre la neurotransmisión monoaminérgica, la composición de membranas neuronales, la regulación epigenética y la homeostasis redox. En depresión mayor, la evidencia clínica sugiere una posible eficacia antidepresiva, especialmente como estrategia adyuvante en pacientes con respuesta parcial a antidepresivos, aunque los resultados de los ensayos clínicos y metaanálisis son heterogéneos. La SAMe suele presentar buena tolerabilidad, con efectos adversos generalmente leves, pero requiere precaución por su potencial activador, el riesgo de viraje maníaco en pacientes vulnerables y posibles interacciones con fármacos serotoninérgicos. Esta revisión analiza sus bases farmacológicas, mecanismos propuestos, evidencia clínica y aspectos prácticos de seguridad, con el objetivo de situar a la SAMe como una intervención metabólica complementaria, no sustitutiva, dentro del tratamiento psiquiátrico contemporáneo.
Se realizó una revisión narrativa de la literatura utilizando PubMed, Scopus y Cochrane Library hasta junio de 2025, con las palabras claves descriptas.
PALABRAS CLAVE
S-adenosil-L-metionina; SAMe; depresión mayor; adyuvante; psicofarmacología; metabolismo de un carbono; metilación; homocisteína; trastorno bipolar; nutracéuticos.
INTRODUCCIÓN
La S-adenosil-L-metionina (SAMe) es una molécula endógena sintetizada a partir de metionina y adenosín trifosfato (ATP), presente en prácticamente todas las células del organismo. Su principal función biológica consiste en actuar como donador universal de grupos metilo en numerosas reacciones de metilación involucradas en la síntesis de neurotransmisores (NT), la regulación de proteínas y fosfolípidos de membrana, y la modulación de la expresión génica. Debido a esta posición central dentro del metabolismo de un carbono, la SAMe participa en procesos bioquímicos esenciales para la función y la plasticidad del sistema nervioso central (SNC) (1).
El interés por la SAMe en psiquiatría surgió a partir de observaciones que demostraron alteraciones del metabolismo de la metilación en algunos pacientes con depresión mayor, incluyendo concentraciones reducidas de SAMe y modificaciones en los niveles de homocisteína y folatos. A diferencia de los antidepresivos convencionales, cuya acción se ejerce principalmente sobre receptores o transportadores específicos, la SAMe actúa sobre vías metabólicas más amplias y fundamentales para la homeostasis neuronal. Por este motivo ha sido propuesta como un modulador metabólico con potencial utilidad terapéutica en determinados trastornos neuropsiquiátricos (2) (3).
Durante las últimas décadas, diversos estudios clínicos han evaluado el papel de la SAMe en la depresión mayor, tanto como monoterapia como en combinación con antidepresivos. Aunque algunos ensayos clínicos y revisiones sistemáticas han mostrado resultados favorables, la magnitud de su beneficio clínico continúa siendo motivo de debate debido a la heterogeneidad metodológica de los estudios disponibles y a la existencia de resultados inconsistentes entre investigaciones (4) (5) (6).
El objetivo de esta revisión narrativa es analizar los fundamentos farmacológicos y neurobiológicos de la SAMe, revisar críticamente la evidencia clínica disponible en depresión mayor y resumir los principales aspectos de seguridad relevantes para su utilización en la práctica psiquiátrica contemporánea.
Para ello se realiza búsqueda en siguientes bases: PubMed, Scopus y Cochrane Library hasta junio de 2025, con las palabras clave descriptas.
1. NATURALEZA FARMACOLÓGICA DE LA S-ADENOSIL-METIONINA (SAMe)
1.1 Diferencias entre nutriente, suplemento y agente con efecto central
Desde una perspectiva farmacológica, la SAMe ocupa una posición intermedia singular entre nutriente y fármaco:
No es un nutriente esencial, ya que el organismo puede sintetizarla.
No es un suplemento clásico, dado que su acción no se limita a repleción.
Estudios en humanos han demostrado que la administración de SAMe, tanto por vía oral como parenteral, incrementa sus niveles en líquido cefalorraquídeo (LCR), sugiriendo acceso funcional al SNC. (2)
Este rasgo la diferencia claramente de otros nutracéuticos con mecanismos más periféricos o indirectos.
1.2 SAMe como modulador metabólico
Diversas revisiones clínicas han propuesto conceptualizar a la SAMe como un modulador metabólico, ya que su efecto terapéutico se ejerce a través de la normalización de rutas bioquímicas alteradas en ciertos subgrupos de pacientes con depresión.
En pacientes con depresión mayor se han documentado:
Niveles reducidos de SAMe en plasma y LCR, alteraciones del metabolismo de un carbono, elevación de homocisteína y disfunción en la síntesis de monoaminas.
La suplementación con SAMe no introduce una vía terapéutica “externa”, sino que restauraría una función metabólica central (3).
1.3 Implicancias regulatorias y clínicas
Desde el punto de vista regulatorio, la SAMe suele comercializarse como suplemento dietario. Esta situación genera una paradoja frecuente en la práctica clínica: una sustancia con ensayos clínicos controlados, revisiones sistemáticas y meta-análisis es percibida como “alternativa” en lugar de “farmacológica”. (4) (5).
Su potencial para inducir activación o viraje maníaco en pacientes vulnerables obliga a considerarla más cerca de un fármaco que de un suplemento inocuo, especialmente en poblaciones con trastorno bipolar (TB). (6)
2. FARMACOCINÉTICA Y BIODISPONIBILIDAD DE LA SAMe
2.1 Absorción oral y formulaciones farmacéuticas
La SAMe presenta características farmacocinéticas particulares que condicionan su uso clínico. La molécula es químicamente inestable en medios ácidos, lo que dificulta su absorción cuando se administra por vía oral. Por este motivo, las formulaciones utilizadas clínicamente suelen emplear comprimidos con recubrimiento entérico, diseñados para proteger la molécula de la degradación gástrica y permitir su liberación en el intestino delgado. (3)
Estas formulaciones aumentan la estabilidad química de la SAMe y favorecen su absorción intestinal, principalmente en el duodeno y el yeyuno. Para mejorar su estabilidad, la SAMe suele administrarse en forma de sales más estables, como el tosilato disulfato o el butanodisulfonato, lo que permite preservar la integridad de la molécula durante el almacenamiento y su tránsito gastrointestinal. (7)
2.2 Biodisponibilidad oral
La biodisponibilidad oral de la SAMe es moderada y variable, en parte debido a la degradación gastrointestinal y al metabolismo hepático de primer paso. No obstante, diversos estudios farmacocinéticos han demostrado que la administración oral produce incrementos medibles de SAMe en plasma.
Además, se ha demostrado que la administración de SAMe —tanto oral como parenteral— aumenta sus niveles en LCR, lo que confirma que la molécula puede atravesar la BHE y sugiere su acceso funcional al SNC. Aumentar concentraciones en LCR no demuestra necesariamente: magnitud del pasaje cerebral, biodisponibilidad neuronal efectiva ni relación dosis-concentración cerebral (2)
2.3 Comparación entre administración oral y parenteral
Los primeros estudios clínicos con SAMe utilizaron administración parenteral (intravenosa o intramuscular), lo que permite alcanzar concentraciones plasmáticas más elevadas y evitar el metabolismo hepático de primer paso. Algunos ensayos clínicos demostraron que la SAMe administrada por vía parenteral puede producir efectos antidepresivos comparables a los de los antidepresivos tricíclicos.
Sin embargo, debido a las limitaciones prácticas de esta vía, la mayoría de los estudios contemporáneos se han centrado en formulaciones orales, especialmente en contextos de tratamiento adyuvante. (1)
2.4 Factores que influyen en la absorción
La disponibilidad biológica de la SAMe también puede verse influida por factores metabólicos que participan en el ciclo de la metionina, incluyendo el estado de folato, vitamina B12 y vitamina B6. Alteraciones en estas rutas metabólicas pueden modificar la disponibilidad funcional de SAMe. (3)
3. CICLO DE LA METIONINA Y METABOLISMO DE UN CARBONO
3.1 Síntesis de SAMe a partir de metionina
La SAMe es sintetizada intracelularmente a partir del aminoácido esencial metionina y adenosín trifosfato (ATP) mediante la enzima metionina adenosiltransferasa. Esta reacción constituye el paso inicial del denominado ciclo de la metionina, una vía metabólica central dentro del metabolismo de un carbono.
Una vez formada, la SAMe actúa como principal donador de grupos metilo en el organismo, participando en numerosas reacciones de metilación que afectan a proteínas, fosfolípidos, NT y ácidos nucleicos. Tras donar su grupo metilo, la SAMe se convierte en S-adenosilhomocisteína (SAH), que posteriormente se hidroliza para formar homocisteína. (3) Este proceso sitúa a la SAMe en una posición central en la regulación metabólica neuronal, ya que el equilibrio entre SAMe, SAH y homocisteína determina la capacidad de metilación celular.

3.2 Relación con el metabolismo del folato
El ciclo de la metionina está estrechamente conectado con el ciclo del folato, que proporciona los grupos metilos necesarios para la regeneración de metionina a partir de homocisteína.
En este proceso, el 5-metiltetrahidrofolato (metilfolato) actúa como donador de un grupo metilo que permite la conversión de homocisteína en metionina. Este paso es fundamental para mantener la disponibilidad de metionina necesaria para la síntesis de SAMe.
Alteraciones en el metabolismo del folato pueden reducir la producción de SAMe y afectar la capacidad de metilación neuronal, lo que ha sido propuesto como uno de los mecanismos bioquímicos implicados en ciertos subtipos de depresión. El polimorfismo MTHFR es una variación genética común que altera el funcionamiento de la enzima metilentetrahidrofolato reductasa, crucial para convertir al ácido fólico inactivo (5,10-metilentetrahidrofolato o vitamina B9) en activo (metilfolato). Las variantes más estudiadas son C677T y A1298C. Su screening no se recomienda en la práctica clínica. (8)
3.3 Rol de la vitamina B12
La vitamina B12 (cobalamina) actúa como cofactor esencial en la reacción que convierte la homocisteína nuevamente en metionina mediante la enzima metionina sintasa. Este paso es fundamental para mantener la disponibilidad de metionina necesaria para la síntesis de SAMe.
Cuando existe déficit de vitamina B12, esta reacción se ve comprometida, lo que produce acumulación de homocisteína y reducción de metionina disponible, con una disminución secundaria en la producción de SAMe. Estas alteraciones pueden afectar la capacidad de metilación en el SNC y han sido asociadas con cambios en la síntesis de NT monoaminérgicos. (3) (8)
3.4 Rol de la vitamina B6
La vitamina B6 (piridoxina) participa en una vía alternativa del metabolismo de la homocisteína denominada vía de transulfuración.
En esta vía, la homocisteína puede convertirse en cisteína a través de una serie de reacciones dependientes de vitamina B6. La cisteína generada puede posteriormente utilizarse para la síntesis de glutatión, uno de los principales antioxidantes celulares.
Esta conexión metabólica vincula indirectamente el metabolismo de la SAMe con el sistema antioxidante del organismo, estableciendo un puente bioquímico entre el metabolismo de un carbono y la regulación del estrés oxidativo. (3)
3.5 Homocisteína y equilibrio metabólico
La homocisteína es un intermediario central en el ciclo de la metionina. Su concentración refleja el equilibrio entre la regeneración de metionina (vía dependiente de folato y vitamina B12) y la degradación hacia cisteína (vía dependiente de vitamina B6).
Cuando este equilibrio se altera, pueden observarse niveles elevados de homocisteína, lo que se ha asociado con disfunción metabólica y alteraciones en la neurotransmisión.
Estas observaciones han contribuido al desarrollo de estrategias terapéuticas dirigidas a restaurar este equilibrio metabólico mediante intervenciones que incluyen SAMe, metilfolato y vitaminas del complejo B. (3)
Desde una perspectiva clínica, la mayoría de los componentes del metabolismo de un carbono no pueden medirse de manera rutinaria en la práctica médica. Sin embargo, la homocisteína plasmática, puede determinarse mediante análisis de laboratorio y se utiliza como un marcador indirecto del funcionamiento del ciclo de la metionina. También son útiles las mediciones de vitamina B12 y ácido fólico. Estas determinaciones pueden interpretarse como una ventana clínica hacia el metabolismo de metilación, aunque su interpretación debe realizarse considerando factores nutricionales, metabólicos y genéticos. (4)
4. MECANISMOS DE ACCIÓN DE LA SAME EN EL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL
4.1 Interés en psiquiatría
La SAMe no actúa como un psicofármaco clásico, sino que participa en un nivel más básico de la biología cerebral: la metilación celular. Ese proceso influye sobre la síntesis y regulación de NT, la composición de las membranas neuronales y la expresión génica. Las revisiones más citadas subrayan que buena parte de la evidencia mecanística en humanos sigue siendo indirecta. (3)
4.2 Primer mecanismo: SAMe como principal donador de grupos metilo
La función bioquímica más importante de la SAMe es actuar como el principal donador de grupos metilo del organismo. En el SNC, esto significa participar en reacciones de metilación que involucran ADN, ARN, proteínas, fosfolípidos y aminas biogénicas. (9)
La SAMe debe pensarse como un adyuvante “upstream”, es decir, una intervención que actúa en una etapa metabólica previa a muchos de los fenómenos neuroquímicos que finalmente observamos como síntomas o respuesta terapéutica.
4.3 Segundo mecanismo: modulación de sistemas monoaminérgicos
Uno de los motivos históricos por los que la SAMe fue estudiada en depresión es su relación con el metabolismo de las monoaminas, en especial serotonina (5HT), dopamina (DA) y noradrenalina (NA).
A la fecha no existe demostración directa de incremento consistente de 5HT cerebral por SAMe en humanos. Gran parte de la evidencia deriva de modelos animales (10).
4.4 Tercer mecanismo: membranas neuronales y fosfolípidos
Otro mecanismo clásicamente propuesto es la participación de la SAMe en la metilación de fosfolípidos de membrana, especialmente en vías vinculadas con la síntesis de fosfatidilcolina. Este aspecto resulta atractivo para la neuropsiquiatría porque la membrana neuronal no es solo una barrera física: es el soporte donde funcionan receptores, transportadores y canales iónicos. Cambios en su composición o en sus propiedades fisicoquímicas podrían modificar la eficiencia de la señalización celular. La literatura más antigua vinculó la SAMe con modificaciones en la microviscosidad de membrana, aunque este mecanismo debe presentarse hoy como biológicamente plausible, más que como una certeza clínica demostrada. (10)
4.5 Cuarto mecanismo: metilación y regulación epigenética En los últimos años, la dimensión epigenética de la SAMe cobró más relevancia. Como principal donador de grupos metilo, la SAMe participa en procesos de metilación de ADN, ARN e histonas, con potencial impacto sobre la expresión génica. En neuropsiquiatría, este enfoque interesa porque la regulación epigenética se relaciona con fenómenos como plasticidad sináptica, neurodesarrollo y respuesta al estrés. La SAMe no solo podría influir sobre NT, sino también sobre la programación de su respuesta biológica. La plausibilidad de este mecanismo está bien sostenida en revisiones contemporáneas sobre metilación y cerebro, aunque su traducción exacta a efectos clínicos concretos todavía no está completamente definida ya que no se demostró qué genes relevantes se modifican clínicamente; si esos cambios explican la respuesta antidepresiva y si existen biomarcadores reproducibles (11).

5. SAME, ESTRÉS OXIDATIVO Y GLUTATIÓN
5.1 Importancia en psiquiatría
Durante las últimas dos décadas, múltiples investigaciones han asociado la depresión mayor y otros trastornos neuropsiquiátricos con alteraciones en los sistemas de regulación redox. Meta-análisis y revisiones sistemáticas han mostrado que los pacientes con depresión presentan, en promedio, un incremento de marcadores de estrés oxidativo y una reducción relativa de algunos mecanismos antioxidantes, hallazgos que se integran actualmente dentro de modelos biológicos que también incluyen neuroinflamación, alteraciones de la plasticidad sináptica y disfunción mitocondrial (12,13).
En este contexto, la SAMe ha despertado interés por su vinculación con rutas metabólicas relacionadas con la homeostasis redox. Sin embargo, la relevancia clínica de esta interacción continúa siendo objeto de investigación.
5.2 Glutatión: la pieza antioxidante central
El glutatión (GSH) es el principal antioxidante intracelular del SNC y desempeña funciones esenciales en la regulación redox, la protección mitocondrial y la defensa frente al daño oxidativo. La disminución de sus niveles se ha asociado con alteraciones de la función neuronal y con diversos procesos neurodegenerativos y neuropsiquiátricos (14).
La relación entre la SAMe y el GSH deriva de su participación en el metabolismo de un carbono y en las vías de transulfuración. Tras donar grupos metilo, los metabolitos derivados de la SAMe pueden contribuir indirectamente a la formación de cisteína, aminoácido necesario para la síntesis de GSH. Esta conexión establece un vínculo bioquímico entre los procesos de metilación y los mecanismos antioxidantes celulares (9).
No obstante, la regulación del GSH en el cerebro es compleja y depende de múltiples factores metabólicos. Por ello, resulta más apropiado considerar que la SAMe puede favorecer condiciones metabólicas compatibles con la homeostasis redox, antes que asumir un incremento directo y uniforme del GSH cerebral (15).
5.3 Evidencia experimental
La mayor parte de la evidencia que vincula la SAMe con la regulación del estrés oxidativo procede de estudios preclínicos. En modelos animales y celulares se ha observado que la administración de SAMe puede reducir marcadores de estrés oxidativo, modular el metabolismo del GSH y atenuar procesos neuroinflamatorios. Asimismo, algunos estudios experimentales han mostrado que la suplementación con SAMe puede normalizar alteraciones en la relación entre GSH reducido y oxidado, así como mejorar la disponibilidad de cisteína y otros metabolitos relacionados con la defensa antioxidante celular (15,16).
En un modelo murino de Alzheimer vinculado a deficiencia de vitaminas B, la SAMe moduló el metabolismo del GSH y previno cambios redox desfavorables; en otros trabajos, la SAMe rescató la actividad de la vía de transulfuración en astrocitos, con aumento de cisteína y GSH y mejoría de la viabilidad neuronal. (16)
También hay datos experimentales que refuerzan esta lectura más integrada. Por ejemplo, en modelos de déficit de SAMe y acumulación de S-adenosilhomocisteína en cerebro, el aporte exógeno de SAMe normalizó el nivel de GSH y la relación entre sus formas reducida y oxidada en corteza cerebral. Esto no prueba eficacia psiquiátrica por sí mismo, pero sí apoya la plausibilidad de que el metabolismo de la SAMe y la regulación redox estén biológicamente conectados en el SNC (15).
Las revisiones clínicas y sistemáticas sobre SAMe en SNC y en neuropsiquiatría reconocen esta base mecanística, pero a la fecha no hay una demostración robusta de que la mejoría clínica depresiva dependa directamente de cambios redox medidos en el paciente (13) (17) (18).
6. EVIDENCIA CLÍNICA DE LA SAME EN DEPRESIÓN MAYOR
La evidencia clínica sobre SAMe en trastorno depresivo mayor (TDM) comprende estudios de monoterapia, comparaciones con antidepresivos convencionales y estrategias de potenciación farmacológica. Aunque numerosos ensayos clínicos han mostrado señales de eficacia antidepresiva, la interpretación de los resultados continúa siendo compleja debido a la heterogeneidad metodológica, el tamaño limitado de muchas muestras y la elevada respuesta placebo observada en varios estudios.
6.1 Revisiones sistemáticas y meta-análisis
La síntesis más conservadora de la evidencia fue realizada por la revisión Cochrane de 2016, que concluyó que los datos disponibles eran insuficientes para establecer con certeza la eficacia de la SAMe en depresión, debido principalmente a limitaciones metodológicas y al reducido número de estudios de calidad adecuada (6).
Posteriormente, revisiones sistemáticas y metaanálisis más recientes han aportado resultados algo más favorables. Un metaanálisis publicado en 2024 que incluyó 23 ensayos clínicos y 2183 participantes encontró evidencia de certeza moderada para un beneficio terapéutico moderado de la SAMe como monoterapia, con una aceptabilidad comparable a placebo y a los antidepresivos convencionales. Sin embargo, los autores señalaron que la evidencia relativa a su utilización como tratamiento adyuvante continúa siendo incierta (13).
Otro metaanálisis de 2024 que evaluó 14 ensayos clínicos con 1522 participantes concluyó que la SAMe mostró resultados comparables a antidepresivos como imipramina o escitalopram, pero no demostró diferencias significativas frente a placebo en los análisis agrupados. Los autores destacaron la considerable heterogeneidad entre estudios y recomendaron interpretar los resultados con cautela (19).
En conjunto, las revisiones contemporáneas sugieren que la SAMe poseería una actividad antidepresiva, aunque la magnitud exacta de su beneficio clínico continúa siendo objeto de debate.
6.2 SAMe como monoterapia
Los estudios de monoterapia han producido resultados variables. En un ensayo multicéntrico, doble ciego y controlado con placebo, Mischoulon y colaboradores compararon SAMe, escitalopram y placebo en pacientes con depresión mayor. Las tasas de respuesta en la muestra fueron 36% para SAMe, 34% para escitalopram y 30% para placebo, con tasas de remisión de 28%, 28% y 17%, respectivamente Aunque las tasas de respuesta y remisión fueron numéricamente superiores con los tratamientos activos, las diferencias no alcanzaron significación estadística en el análisis principal, por lo que el estudio fue considerado negativo (20).
Por el contrario, otros ensayos han informado resultados más favorables. Un ensayo australiano de 12 semanas reportó que SAMe fue superior a placebo en reducción de síntomas, con una diferencia significativa entre grupos y un tamaño de efecto moderado a grande; además, informó tasas de remisión de 34% con SAMe, 23% con escitalopram y 6% con placebo. Estos hallazgos no han sido reproducidos de manera consistente en investigaciones posteriores (13).
Más recientemente, un ensayo de ocho semanas que evaluó 800 mg diarios de SAMe en pacientes con depresión leve a moderada observó una mejoría clínica en ambos grupos, sin diferencias estadísticamente significativas frente a placebo, lo que volvió a poner de manifiesto el impacto potencial de la respuesta placebo en este campo de investigación (21).
Como idea clínica, la monoterapia con SAMe no puede considerarse hoy un tratamiento de primera línea equivalente a un antidepresivo estándar. El mensaje más fiel a la evidencia es que puede tener señal antidepresiva en algunos estudios, aunque su consistencia todavía es insuficiente.
6.3 SAMe como tratamiento adyuvante
La utilización de SAMe como estrategia de potenciación farmacológica ha recibido especial atención en pacientes con respuesta insuficiente a antidepresivos convencionales.
El ensayo controlado de Papakostas y colaboradores mostró que la adición de SAMe a inhibidores de la recaptación de serotonina se asoció con mayores tasas de respuesta y remisión en comparación con placebo: 36.1% vs 17.6% para respuesta y 25.8% vs 11.7% para remisión. Esto constituye uno de los estudios más influyentes en favor de esta estrategia terapéutica (22).
Sin embargo, investigaciones posteriores no confirmaron estos resultados de manera uniforme. Ensayos más recientes encontraron mejorías clínicas tanto en los grupos tratados con SAMe como en los grupos placebo, sin diferencias estadísticamente significativas en los desenlaces principales de respuesta o remisión (23) (24).
Por lo tanto, aunque existe un fundamento biológico plausible y al menos un ensayo clínico positivo de relevancia, la evidencia disponible continúa siendo insuficiente para formular recomendaciones firmes sobre el uso rutinario de SAMe como potenciador antidepresivo.
La aparente inconsistencia entre estudios probablemente refleje múltiples factores metodológicos. Entre ellos se incluyen diferencias en las dosis utilizadas, que oscilaron entre 200 y 3200 mg diarios; variaciones en la duración de los tratamientos; heterogeneidad en la gravedad basal de los pacientes; distintos criterios de resistencia terapéutica; y el uso de escalas de evaluación diversas.
Se requieren ensayos clínicos de mayor tamaño, con metodologías más homogéneas y seguimiento prolongado, para definir con mayor precisión el lugar terapéutico de la SAMe dentro del tratamiento de la depresión mayor.
7. SEGURIDAD CLÍNICA DE LA SAME: EFECTOS ADVERSOS, CONTRAINDICACIONES, INTERACCIONES Y SOBREDOSIS
La SAMe presenta, en general, un perfil de tolerabilidad favorable. Los estudios clínicos realizados en depresión mayor y otras condiciones neuropsiquiátricas han reportado predominantemente efectos adversos leves o moderados, con bajas tasas de abandono atribuibles al tratamiento (5) (6) (13).
7.1 Efectos adversos frecuentes
Los efectos adversos más comúnmente descritos incluyen síntomas gastrointestinales, tales como náuseas, molestias abdominales, diarrea y dispepsia. También se han comunicado cefalea, mareos, sudoración, ansiedad, inquietud e insomnio, generalmente de intensidad leve y carácter transitorio (5) (13).
En algunas series clínicas se ha observado una mayor frecuencia de molestias gastrointestinales con dosis superiores a 1600 mg diarios, aunque la tolerabilidad global continúa siendo considerada favorable en comparación con numerosos tratamientos farmacológicos utilizados en psiquiatría (5).
Las revisiones sistemáticas disponibles coinciden en que la incidencia de eventos adversos graves atribuibles a la SAMe es baja y comparable a la observada en grupos placebo o en tratamientos antidepresivos convencionales (6,13).
7.2 Activación, hipomanía y manía
Desde la perspectiva psiquiátrica, el efecto adverso potencialmente más relevante es la aparición de síntomas de activación, hipomanía o manía en individuos vulnerables.
Se han comunicado casos clínicos de viraje afectivo asociados temporalmente al uso de SAMe, incluyendo episodios de hipomanía, manía y estados mixtos. Aunque estos eventos parecen infrecuentes, su existencia resulta biológicamente plausible considerando la posible influencia de la SAMe sobre sistemas monoaminérgicos implicados en la regulación del estado de ánimo (7) (25).
Por este motivo, la utilización de SAMe en pacientes con TB, antecedentes de viraje afectivo inducido por antidepresivos o presencia de síntomas mixtos requiere especial precaución. En estos contextos, la evaluación diagnóstica previa y el seguimiento clínico estrecho resultan esenciales (7).
7.3 Interacciones clínicamente relevantes
La interacción de mayor interés clínico involucra a los fármacos con actividad serotoninérgica.
Aunque la evidencia disponible se basa principalmente en reportes de casos y observaciones clínicas aisladas, se han descrito episodios compatibles con toxicidad serotoninérgica en pacientes que recibían simultáneamente SAMe y otros agentes serotoninérgicos, incluyendo clomipramina e inhibidores de la recaptación de serotonina (22) (26).
La frecuencia real de estas interacciones no está claramente establecida. Sin embargo, debido a la posibilidad teórica de potenciación serotoninérgica, se recomienda utilizar la SAMe con prudencia cuando se combina con antidepresivos serotoninérgicos, particularmente en pacientes que desarrollan inquietud, hiperactivación autonómica o empeoramiento del insomnio tras el inicio del tratamiento.
7.4 Sobredosis
La información disponible sobre sobredosis de SAMe es limitada. No existe un síndrome tóxico característico ni series clínicas extensas que permitan definir con precisión su perfil toxicológico en sobredosis (27).
Los datos publicados proceden principalmente de reportes aislados de casos y de la experiencia acumulada en ensayos clínicos terapéuticos, donde no se han identificado patrones consistentes de toxicidad grave relacionados con la molécula.
No obstante, ante una ingesta excesiva, la evaluación clínica debe considerar especialmente la presencia de coingestas farmacológicas, síntomas de activación afectiva y manifestaciones compatibles con toxicidad serotoninérgica cuando exista tratamiento concomitante con otros agentes serotoninérgicos (26).
CONCLUSIONES
La SAMe constituye una intervención de interés en psiquiatría debido a su participación central en los procesos de metilación, el metabolismo de un carbono y diversas rutas bioquímicas relacionadas con la función cerebral. Su papel como principal donador de grupos metilo proporciona un fundamento biológico sólido para investigar su influencia sobre la neurotransmisión, la regulación epigenética, la integridad de membranas neuronales y la homeostasis redox. Esta evidencia es indirecta y muchas investigaciones fueron realizadas en modelos animales.
La evidencia clínica disponible sugiere que la SAMe posee una posible actividad antidepresiva, aunque la magnitud de su beneficio terapéutico continúa siendo motivo de debate. Los resultados de ensayos clínicos, revisiones sistemáticas y metaanálisis muestran hallazgos heterogéneos, con señales de eficacia en algunos estudios, particularmente en contextos de tratamiento adyuvante, pero sin alcanzar todavía un grado de certeza comparable al de los antidepresivos establecidos.
Desde una perspectiva práctica, la SAMe no debe considerarse un sustituto de los tratamientos antidepresivos con eficacia demostrada. Su posible utilidad clínica parece situarse principalmente como intervención complementaria en pacientes seleccionados con depresión unipolar, especialmente cuando existe respuesta parcial al tratamiento convencional o cuando se identifican alteraciones metabólicas potencialmente relevantes dentro del metabolismo de un carbono.
La tolerabilidad de la SAMe es generalmente favorable, aunque su utilización requiere una evaluación clínica adecuada debido al potencial de activación afectiva, al riesgo de viraje maníaco en individuos vulnerables y a la posibilidad de interacciones con otros tratamientos serotoninérgicos.
En conjunto, la SAMe representa una estrategia terapéutica biológicamente plausible y clínicamente prometedora, pero cuya incorporación a la práctica psiquiátrica debe sustentarse en una interpretación crítica de la evidencia disponible y en una adecuada selección de los pacientes. Futuros estudios de mayor calidad metodológica serán necesarios para definir con mayor precisión su lugar dentro del tratamiento de los trastornos depresivos.
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