¿Es posible modular la microbiota para promover un envejecimiento más saludable?
Resumen
El envejecimiento de la población es un gran problema de salud: según las organizaciones de Salud Pública “el número de personas mayores de 65 años en todo el mundo en 2021 era de 761 millones, mientras que se espera que aumente a 1.600 millones en 2050”. Se define como “la regresión de la función fisiológica que acompaña al avance de la edad” y se caracteriza por la pérdida progresiva y generalizada de las funciones (inmunológica, neurológica, cardiovascular y metabólica entre otras). Además de cambios en la composi-ción y en la función de la microbiota intestinal, conocidos como disbiosis, se observa un desequilibrio producido por aumento del estrés oxidativo e inflamación de la mucosa intestinal. El aumento de este estrés oxidativo y la inflamación pueden favorecer el envejecimiento y una mayor morbi-mortalidad.
El objetivo de esta revisión es analizar la evidencia científica reciente sobre los cambios en la composición y función de la microbiota intestinal asociados con el envejecimiento, así como las posibles estrategias para su modulación con el fin de favorecer un envejecimiento saludable. Para ello, se examinan las modificaciones de la microbiota a lo largo de la vida, las características particulares observadas en individuos con envejecimiento saludable y en poblaciones de longevidad excepcional, como centenarios y supercentenarios, y los factores que influyen en su composición y actividad. Asimismo, se evalúan diferentes intervenciones nutricionales y estrategias de suplementación dirigidas a modular la microbiota intestinal y sus posibles efectos sobre la salud y la calidad de vida durante el envejecimiento.
Palabras clave
Envejecimiento, microbiota, nutrición
Abstract
Population aging represents a major public health challenge. According to public health organizations, “the number of people aged 65 years and older worldwide was 761 million in 2021 and is projected to increase to 1.6 billion by 2050.”
Aging is defined as “the decline in physiological function associated with advancing age” and is characterized by the progressive and widespread deterioration of various physiological functions, including immune, neurological, cardiovascular, and metabolic functions, among others. In addition to changes in the composition and function of the gut microbiota, commonly referred to as dysbiosis, aging is associated with increased oxidative stress and inflammation of the intestinal mucosa. These processes may contribute to the progression of aging and an increased risk of morbidity and mortality.
The aim of this review is to analyze recent scientific evidence on age-related changes in the composition and function of the gut micro-biota, as well as potential strategies for its modulation to promote healthy aging. To this end, we examine changes in the gut microbiota throughout the lifespan, the distinctive characteristics observed in individuals experiencing healthy aging and in exceptionally long-lived populations, such as centenarians and supercentenarians, and the factors influencing its composition and activity. Furthermore, we eva-luate different nutritional interventions and supplementation strategies aimed at modulating the gut microbiota, along with their potential effects on health and quality of life during aging.
Keywords
Ageing, microbiota, nutrition
1. ENVEJECIMIENTO
El envejecimiento puede ser definido como la regresión de la función fisiológica que acompaña al avance de la edad. En el proceso del envejecimiento, se observa un aumento del estrés oxidativo y una inflamación de la mucosa (“oxi-inflammaging”). La inflamación sistémica que se observa en el envejecimiento (“inflammaging”), afecta en gran medida a la mucosa intestinal, promoviendo un incremento de la permeabilidad y favoreciendo el paso de microorganismos no deseados que inducen respuestas inflamatorias. El estrés oxidativo favorece, a su vez, respuestas proinflamatorias debido a la presencia de bacterias proteolíticas como las enterobacterias (1).
La inmunosenescencia se define como el conjunto de cambios progresivos en la estructura y función del sistema inmunitario asociados al envejecimiento, que afectan tanto a la inmunidad innata como a la adaptativa. Estas modificaciones se caracterizan por una menor eficacia de las respuestas defensivas y alteraciones en la regulación inmunitaria, frecuentemente acompañadas de un estado de inflamación crónica de bajo grado. Este proceso se relaciona con un aumento del estrés oxidativo y con alteraciones en la composición y/o función de la microbiota intestinal, conocidas como disbiosis, que pue-den contribuir a perpetuar la respuesta inflamatoria. (2).
El concepto de envejecimiento saludable se refiere a la capacidad de mantener una adecuada calidad de vida a lo largo de los años. En los centenarios se observa un sistema inmunitario diferente al resto de los ancianos. Los que llegan a edades tan avanzadas en condiciones satisfactorias, presentan células inmunitarias muy parecidas a las de los adultos jóvenes. Dentro de esta adecuación del estado inmunitario en este grupo, se observa una mejor adaptación a las agresiones tanto internas como externas. Dentro de los factores de riesgo que pueden influir en un envejecimiento saludable, además de la conocida genética, destacan tanto el estilo de vida, como el ejercicio físico, la dieta y el entorno (3).
2. MICROBIOTA
La microbiota intestinal humana es el conjunto de microor-ganismos que habitan en el tracto digestivo, sobre todo en el colon, y comprende un número amplio de bacterias, virus, arqueas y otros microbios, con los que se establece una re-lación simbiótica que influye en la salud. Esta microbiota es única para cada individuo, y es capaz de modular factores inmunes y cardiovasculares (entre otros), hecho fundamental para la homeostasis del ser humano. Varios factores influyen en la composición de la microbiota a lo largo de la vida y, entre ellos, destacan los relacionados con el modo de vida, la dieta y los factores sociodemográficos (4).
Durante el envejecimiento, dicha microbiota se altera, evidenciando una pérdida de diversidad y el predominio de microorganismos que favorecen inflamación y oxidación (oxi-inflammaging). Este estrés oxidativo e inflamatorio promueve una mayor velocidad de envejecimiento y, como consecuencia, un aumento en la morbimortalidad (3).
Varios autores han propuesto que las alteraciones en la composición de la microbiota intestinal en el envejecimiento se caracterizan por una disminución en la diversidad bacteriana y por la alteración de determinados taxones bacterianos (5):
- Disminución de los niveles de bifidobacterias
- Disminución del grupo Clostridium
- Disminución de Faecalibacterium prausnitzii
- Aumento de Akkermansia muciniphila
- Aumento de bacterias como las enterobacterias
- Aumento de patógenos oportunistas como Clostridioides di-fficile
- La evidencia en cuanto a los Bacteroidetes (Bacteroides-Pre-votella), así como en el género Lactobacillus, no resulta cla-ra ya que hay discordancia en los estudios.
3. DIETA Y OTROS FACTORES
Dentro de los factores de estilo de vida que pueden modular la composición de la microbiota destaca la dieta. Otros facto-res influyentes son la actividad física, el manejo del estrés, el bienestar mental y los hábitos de descanso.
La ingesta habitual de frutas y verduras se asocia con una mayor diversidad microbiana. Por otro lado, el consumo habi-tual de hidratos de carbono refinados y azúcares favorece una menor diversidad de la microbiota intestinal (6).
La dieta mediterránea (DM) se asocia a una disminución de la fragilidad gracias a los cambios positivos que este tipo de dieta puede producir en la composición de la microbiota como pueden ser el aumento de los niveles de ácidos grasos de cadena corta (AGCC) o el descenso en la abundancia del filo Proteobacteria (6).
En el envejecimiento se produce una fragilidad relacionada con el deterioro de la microbiota que puede depender de varios factores como las dietas pobres en frutas y verduras, la alteración de la masticación, o de los sentidos como el gusto y el olfato.
4. CAMBIOS DURANTE EL ENVEJECIMIENTO:
El envejecimiento es un proceso en el que se producen al-teraciones del desarrollo funcionales y morfológicas, ocurriendo cambios tanto a nivel de las células como a nivel de tejidos y órganos. Es considerado el factor de riesgo más importante de mortalidad y de enfermedades crónicas, debido al deterioro funcional y a la fragilidad que produce.
Dentro de las alteraciones descritas destacan: la inestabilidad del genoma, el acortamiento de los telómeros, la epigenética, las alteraciones en la regulación de los nutrientes, el envejecimiento de las células y las mitocondrias, el agotamiento de las células madres y la alteración de otras células (4).
En el envejecimiento se producen tanto la disminución de las
funciones fisiológicas corporales como el deterioro de las funciones psicosociales. El primer factor puede alterar la motilidad y permeabilidad gastrointestinal, a la vez que promueve la fragilidad, mientras que el segundo proceso mencionado puede afectar el estado de ánimo y el comportamiento, lo que favorece el aislamiento de la persona al reducir las interacciones sociales (7).
El “envejecimiento saludable” es, según la OMS, el “proceso de fomentar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez”.
Las señales de “envejecimiento no saludable” en la microbiota podrían constituir indicadores complementarios de la inflamación crónica de bajo grado y la inmunosenescencia que caracteriza este proceso.
Finalmente, la relación entre el microbioma y la salud del huésped contribuye al desarrollo y funcionamiento del sistema inmunológico. Definir lo que representa o significa un microbioma saludable, es un desafío para la comunidad científica debido a la gran cantidad de factores que pueden influir en su composición y funcionalidad: la genética, las variaciones de la dieta o el medio ambiente (8).
5. EVOLUCIÓN DE LA MICROBIOTA A LO LARGO DE LA VIDA
Se considera que el inicio de la colonización de la microbiota intestinal sucede tras el parto. Su diversidad va aumentando hasta aproximadamente los tres años de vida, estabilizándose, posteriormente, hacia la edad adulta. La microbiota en esta etapa suele presentar un mayor número de especies (alta diversidad). A la edad de 65 – 70 años vuelve a cambiar, volviéndose más inestable. Esta inestabilidad es más notable a partir de los 80 años y se debe a la acumulación de alteraciones tanto fisiológicas, anatómicas, inmunitarias y metabólicas, como a las adaptaciones de la dieta y el estilo de vida. Lograr una elevada diversidad resulta favorable en la salud del adulto mayor (9).
Dentro de las variaciones en la microbiota que suceden con la edad, destacan dos grandes grupos: Cambios en la composición y abundancia de las especies microbianas; y cambios en la función y metabolitos microbianos asociados (10).
La diversidad microbiana se considera a menudo un indicador importante de la salud intestinal. En algunos estudios se ha planteado que, en comparación con las personas jóvenes, la riqueza de especies y la diversidad alfa en la microbiota fe-cal de personas mayores podrían estar reducidas (11), aunque esa menor diversidad alfa parece estar más ligada al estado de salud que al envejecimiento cronológico en sí (12). Estas alteraciones podrían estar asociadas al aumento de bacterias anaerobias y de proteobacterias, así como de la disminución de grupos microbianos que producen AGCC como el ácido butírico.
Por otra parte, la disbiosis podría explicar en parte el aumento de morbilidad asociado al envejecimiento. Se ha descrito, en numerosas publicaciones, una alteración de la relación Firmi-cutes/Bacteroidetes donde la proporción de Firmicutes tiende a disminuir mientras que la de Bacteroidetes tiende a aumen-tar, respecto al porcentaje observado habitualmente en la edad adulta (3). En la actualidad, esta afirmación también está generando opiniones diversas.
Dentro de los microorganismos considerados patógenos y que se ha observado un aumento en el envejecimiento no saludable, se encuentran Eggerthella, Actinomyces y enterobacterias, cuyo seguimiento podría tener utilidad a la hora de predecir enfermedades (13).
Recientes estudios de la microbiota de individuos centenarios con un estado saludable demuestran una mayor abundancia de ciertos grupos bacterianos como Akkermansia, Bifidobacte-rium y Clostridium. Algunos son productores de AGCC y, por lo tanto, podrían tener un papel a la hora de proteger frente a la inflamación y favorecer una homeostasis intestinal adecuada. Además, estudios recientes han observado que los centenarios muestran una menor propensión a desarrollar procesos inflamatorios, enfermedades infecciosas y otras disfunciones asocia-das al envejecimiento. Esta característica parece relacionarse con el mantenimiento de una mayor diversidad del microbioma intestinal y una mayor prevalencia de microorganismos intestinales asociados a la salud, en comparación con individuos más jóvenes (12,14).
El papel de Bacteroides como “predictor microbiano intestinal de larga vida” requiere más estudios dado que se han reportado controversias en su papel “protector”: mientras que en algunos estudios en centenarios los Bacteroides aumentan, en otros disminuyen.
Otro hallazgo en personas centenarias es una mayor uniformi-dad en las abundancias relativas, una disminución de la variación interindividual y la estabilización del filo Bacteroidetes. Este equilibrio entre especies, típico de los centenarios, podría ser la razón por la que no se producen en su microbiota las alteraciones habituales del envejecimiento (3).
6. DIETOTERAPIA Y NUTRICIÓN
Los ancianos tienden a realizar una alimentación deficiente en nutrientes debido a dificultades en la dentición o para masticar. También es habitual que en esta etapa de la vida tengan menor apetito y en algunos casos mayor dificultad para acceder a alimentos nutritivos. Uno de los cambios más significativos en la composición del microbioma intestinal se ha asociado con la transición de una vida independiente en la comunidad a la residencia en instituciones de cuidados prolongados.
En las residencias de ancianos se ha observado un patrón de inflamación crónica de bajo grado más marcado que en el caso de ancianos que viven en su domicilio. Esto se ha relacionado con una dieta más rica en grasas y con menos fibra, cambios que favorecen un descenso de la diversidad microbiana y un aumento de la inflamación y, por lo tanto, de la fragilidad (3).
En estudios recientes se han adoptado estrategias dietéticas para intentar modular la microbiota intestinal junto con los cambios metabólicos que pueden causar tanto el envejeci-
miento como diferentes enfermedades relacionadas con la edad. Dentro de estas estrategias se encuentran tanto regímenes y patrones dietéticos, como el uso de pre y probióticos.
6.a. RESTRICCIÓN CALÓRICA:
La restricción calórica es una de las intervenciones nutricionales más estudiadas por su potencial para retrasar el envejecimiento y prolongar la esperanza de vida, con resultados favorables en diversos modelos animales. Entre los mecanismos propuestos se destacan la reducción del estrés oxidativo y de la inflamación, el fortalecimiento de las defensas antioxidantes y la modulación de la función inmunitaria.
Estudios recientes destacan la importancia de los horarios de ingesta alimentaria en la regulación de los ritmos circadianos. Las alteraciones en estos patrones pueden modificar la sincronización de los relojes biológicos del huésped, afectar la ritmicidad de la microbiota intestinal y favorecer la disbiosis, lo que se ha asociado con un mayor riesgo de enfermedades metabólicas y posibles efectos negativos sobre la longevidad saludable (13).
Dentro de esta restricción, se considera que la proteica es una de las más efectivas a la hora de aumentar la longevidad (3). Sin embargo, estos hallazgos deben interpretarse con caute-la, especialmente en adultos mayores, dado que una ingesta proteica insuficiente puede favorecer la pérdida de masa y función muscular, aumentando el riesgo de sarcopenia.
En estudios experimentales en animales, se ha demostrado que la restricción de calorías durante la vida ayuda a equilibrar la estructura de la microbiota intestinal, favoreciendo el desarrollo de Lactobacillus. Esta mayor abundancia de Lactobacillus puede ayudar a disminuir enfermedades crónicas asociadas al envejecimiento. La aplicación de los efectos de esta restricción calórica en la vida real sigue siendo un desafío aunque cada vez aparecen más estudios al respecto (10).
Los estudios con mayor evidencia se basan en el control de los macronutrientes, el ayuno intermitente y la restricción del tiempo a la hora de alimentarse. Se ha observado que la restricción de tiempo de alimentación produce alteraciones en la composición de la microbiota intestinal de ratones, provocan-do un cambio sustancial en la proporción de Firmicutes/Bac-teroidetes. Este hecho favorece la reversión de alteraciones relacionadas con el envejecimiento (10).
La restricción calórica (en sus distintas maneras de realizarse) puede prolongar la vida y mejorar la progresión de múltiples enfermedades relacionadas con el envejecimiento (como car-diovasculares, neurodegenerativas y oncológicas), ya que es capaz de regular los cambios en el microbioma intestinal y sus metabolitos causados por el envejecimiento (10).
No obstante, los efectos de la restricción de calorías en huma-nos de manera sostenida son difíciles de determinar con los estudios actualmente disponibles. Aunque los resultados obtenidos en relación con los efectos cardiometabólicos son muy favorables, resulta difícil extrapolar estos resultados al efecto
en la longevidad. Estos estudios son relativamente cortos y con muestras pequeñas, lo que limita aún más los resultados en lo que respecta al envejecimiento (15).
6.b. DIETAS CON COMPUESTOS ANTIOXIDANTES
Durante el envejecimiento se produce un descenso fisiológico de las moléculas antioxidantes en las células inmunitarias. Dichas células necesitan estos componentes para poder realizar sus funciones y este consumo debe ser recuperado con la ingestión de tales antioxidantes.
Durante el envejecimiento, las células del sistema inmunitario pueden presentar un aumento del estrés oxidativo, asociado con una mayor producción de especies reactivas de oxígeno y una disminución de las defensas antioxidantes. En este contexto, una alimentación rica en compuestos antioxidantes podría contribuir a preservar la función inmunitaria y contra-rrestar los efectos del estrés oxidativo, especialmente en indi-viduos con mayor grado de envejecimiento biológico. Dentro de los antioxidantes más investigados destacan las vitaminas C y E, polifenoles, ácidos grasos mono y poliinsaturados, pre-cursores del glutatión reducido y N-acetilcisteína (3).
Los polifenoles pueden modular la composición y la actividad metabólica de la microbiota intestinal, ejerciendo potenciales efectos antioxidantes, antiinflamatorios y antitumorales (16). A su vez, los microorganismos intestinales participan en la biotransformación de estos compuestos, generando metabolitos bioactivos que pueden influir tanto en la fisiología del huésped como en la propia microbiota. Esta interacción bidireccional contribuye a explicar algunos de los beneficios de los polifenoles sobre la salud.
En un estudio durante ocho semanas, se observó que una dieta rica en polifenoles puede reducir los niveles de zonu-lina (marcador de la permeabilidad intestinal) y aumentar la abundancia de bacterias que producen butirato, demostrando que estos compuestos (con altas cantidades de antioxidantes como en frutas, verduras, frutos secos o aceite de oliva virgen extra) pueden reforzar la barrera intestinal, y en consecuencia disminuir el riesgo de inflamación y de fragilidad (17). Cabe aclarar que los metabolitos obtenidos de los polifenoles de la dieta pueden variar según la composición de la microbiota de cada individuo (16).
6.c. PATRONES DIETÉTICOS SEGÚN LOS MACRONUTRIENTES
El consumo de una adecuada cantidad y calidad de proteínas se relaciona de una manera positiva con la diversidad de la microbiota intestinal y, por lo tanto, con un envejecimiento sano. Como posible razón destaca el papel de las bacterias en la fermentación de los aminoácidos. A pesar de ello, se ha observado que los productos que se generan pueden producir tanto funciones positivas (como el mantenimien-to de la homeostasis inmune intestinal y la prevención de la inflamación en el caso del triptófano), como negativas (como la reducción de la respuesta inmune adaptativa de-fensiva en el caso de la fermentación de leucina, isoleucina
y valina)(7).
El consumo de grasas en alta cantidad puede modificar rá-pidamente la composición de la microbiota. Por ejemplo, el cambio de una dieta pobre en grasas saturadas y rica en ve-getales a una dieta alta en grasas y azúcares puede cambiar la composición de la microbiota en solo un día. Las dietas con un elevado nivel de grasas saturadas producen disbiosis que puede favorecer enfermedades crónicas (7).
El consumo de carbohidratos: Dentro de este grupo, los al-midones resistentes, al llegar al colon, pueden favorecer la diversidad de la microbiota y promover un envejecimiento más saludable. Entre las especies que responden a la fibra (y que mejoran la función barrera y los efectos antiinflama-torios) destacan las actinobacterias. El consumo de fibras fermentables promueve la producción de AGCC y su función de protección mediante su papel antiinflamatorio y la induc-ción de producción de moco. Otros metabolitos interesantes son los fitoquímicos que pueden favorecer el crecimiento de especies que se relacionan con el envejecimiento saludable como son los Lactobacillus y las bifidobacterias (7).
6.d. DIETA MEDITERRÁNEA:
La dieta mediterránea (DM) se caracteriza por la ingesta elevada en legumbres, frutas, verduras, frutos secos y aceite de oliva; y una ingesta baja en carnes rojas y cereales refinados. Los estudios demuestran, a grandes rasgos, que la adherencia a dicha dieta ejerce un efecto protector sobre el desarrollo de la fragilidad, la inflamación y la función cognitiva en personas mayores (17).
La evidencia más sólida disponible sobre la dieta mediterránea proviene del ensayo PREDIMED (18) y PREDIMED-PLUS (19).
En varios estudios realizados para valorar la DM y sus efectos en la microbiota se observan:
- Mayor representación de bacterias que favorecen la función metabólica y promueven la salud como Lachnospira, Prevotella, Bifidobacterium, Faecalibacterium prausnitzii y Eubacterium rectale. Esta función metabólica se asocia a una mayor produc-ción de AGCC como butirato, propionato y acetato que promue-ven un efecto antiinflamatorio. La fibra, presente en gran parte en la DM, también favorece la presencia de estas bacterias y, por lo tanto, del aumento de estos metabolitos (10).
- Reducción del óxido de trimetilamina (TMAO) y otros marca-dores de riesgo cardiovascular como el colesterol, los triglicé-ridos, la hemoglobina glicada (HbA1c) y la proteína C reactiva (PCR) (10).
- En el proyecto llamado NU-AGE (New dietary strategies ad-dressing the specific needs of the elderly population for heal-thy aging in Europe) se realiza un seguimiento de un año con intervención de dieta mediterránea en adultos de cinco países y se describen especies positivas para la salud de la micro-biota y especies relacionadas negativamente con la salud y positivamente con enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2 o el cáncer (12).
La DM favorece el crecimiento de las bacterias que producen bu-tirato y, por lo tanto, debe ser considerada una gran oportunidad para enlentecer el envejecimiento poco saludable. A pesar de que la fibra de la dieta puede favorecer la producción de AGCC, también es importante la interacción entre dichas bacterias y el huésped. Un ejemplo es la importancia de la presencia de Bifido-bacterium para que bacterias como Faecalibacterium prausnitzii puedan producir butirato de manera óptima (6).
7. ACTIVIDAD FÍSICA
El ejercicio físico protege frente a múltiples patologías crónicas como las enfermedades cardiovasculares, metabólicas y tumora-les (entre otras). Por ello es considerado una “polipíldora” para evitar enfermedades asociadas al envejecimiento (3).
Dentro de esta posible protección del ejercicio físico, destaca la modulación de la microbiota intestinal en cuanto a composición y funcionalidad, favoreciendo su diversidad. Como se ha comentado anteriormente, el aumento de la diversidad se relaciona con la disminución de la incidencia de enfermedades crónicas relacionadas con el envejecimiento y el mantenimiento de una vida saludable (3).
Los estudios que analizan el efecto de la actividad física sobre la microbiota intestinal sugieren una posible asociación con cambios en su composición y diversidad. Sin embargo, estos resultados deben interpretarse considerando la influencia de otros hábitos saludables, particularmente los patrones alimentarios. En este sentido, estudios de intervención que combinan una dieta mediterránea hipocalórica con actividad física han evidenciado modificaciones en la composición de la microbiota, aunque resulta difícil determinar la contribución individual de cada intervención (7).
Diversos estudios han identificado asociaciones entre la composición de la microbiota intestinal, el tiempo dedicado a la actividad física y el nivel de condición física de los individuos. Estos hallazgos sugieren que la actividad física podría contribuir favorablemente a la modulación de la misma durante el envejecimiento. El ejercicio moderado es beneficioso, generando un aumento de las bacterias productoras de butirato. Esto sugiere que el ejercicio físico puede favorecer el aumento de los niveles de AGCC y, gracias a ello, puede mejorar las funciones cognitivas (8).
Un estudio realizado en adultos sedentarios evaluó el efecto de un programa de actividad física de 24 semanas sobre la composición de la microbiota intestinal y la producción de butirato. Los resultados mostraron un aumento en la abun-dancia de Bifidobacterium, acompañado de un incremento en los niveles de butirato, lo que sugiere que el ejercicio físico podría favorecer cambios en la microbiota y en su actividad metabólica (8).
En el caso de las mujeres con una vida activa, se observa una mayor presencia de bacterias beneficiosas como Bifidobacte-rium spp., Roseburia hominis, A. muciniphila o F. prausnitzii
(1). En un estudio realizado a mujeres ancianas sedentarias,
tras un programa de ejercicios aeróbicos y de resistencia, de entre 30 y 60 minutos diarios y entre 3 y 5 días a la semana, durante ocho semanas, se observó que el ejercicio físico disminuye las bacterias proinflamatorias (como las proteobacte-rias), a la vez que favorece las antiinflamatorias como el filo Verrucomicrobia (1).
Sin embargo, se ha observado que en casos de entrenamiento de resistencia excesivo (más de cuatro horas diarias y seis o más días por semana) se puede promover una disbiosis en la microbiota intestinal, asociada con mayor abundancia de bacterias proinflamatorias (1).
En resumen, el ejercicio físico regular puede inducir modifica-ciones en la composición de la microbiota intestinal en perso-nas mayores, con cambios observables desde las 5–8 semanas de intervención. La frecuencia más empleada en protocolos efectivos es de tres a cinco sesiones semanales, aunque los efectos parecen variar según el estado basal de salud, el nivel de actividad previo y la modalidad de ejercicio utilizada (1).
8. FACTORES SOCIOECONÓMICOS E INTERACCIONES SOCIALES:
En los últimos años de vida se deben valorar dos aspectos habituales, que son el aislamiento social y la posible diferencia en el poder adquisitivo (respecto a los años de actividad laboral). A pesar de la limitación en los estudios a este respecto, cada vez se vinculan más las relaciones sociales plenas (que permiten crecer como persona), con el desarrollo de una microbiota adecuada para un buen envejecimiento (7).
La microbiota en personas institucionalizadas (aquellas que no viven de forma independiente) suele ser más empobrecida en término de géneros bacterianos, debido a cambios en la alimentación entre otros motivos, lo cual favorece la fragilidad típica de esta población. Existe una relación entre los me-canismos de transmisión de comunidades bacterianas a tra-vés del contacto social y los entornos interiores compartidos, aunque en los estudios no queda suficientemente reflejada la importancia de este impacto (7).
En la vinculación entre el aislamiento y la soledad con el desarrollo de enfermedades crónicas, destaca el estrés. El estrés se asocia a inflamación y a disfunción metabólica, y la situación de aislamiento puede favorecer estos procesos, y con ellos colaborar en el desarrollo de un envejecimiento poco saludable. Lo mismo sucedería con la jerarquía social y su relación con los cambios en la microbiota: una situación social poco favorable (como el aislamiento o la pobreza) puede inducir una actitud de estrés que altera la microbiota y desencadena problemas crónicos (como enfermedades cardiovasculares, procesos autoinmunes o trastornos ansioso depresivos, entre otros) (7).
9. SUPLEMENTACIÓN
PROBIÓTICOS:
Los estudios realizados en el envejecimiento aportan ciertos datos interesantes en relación al uso de suplementos. La administración de probióticos de cepas de Bifidobacterium y Lactobacillus se considera una opción interesante para mantener una adecuada diversidad microbiana y balance en el envejecimiento. Estos probióticos han demostrado, en varios estudios, ser capaces de favorecer las bacterias beneficiosas e inhibir las patógenas (Clostridium difficile, Clostridium. perfringens, Campylobacter y Enterococcus) (5).
Además del efecto a nivel de la microbiota intestinal, algunos probióticos pueden interactuar con el sistema nervioso central (SNC) gracias a la producción de neurotransmisores como la serotonina, acetilcolina o ácido gamma amino butírico (GABA), y metabolitos como los AGCC.
Al igual que con la nutrición, el papel de los probióticos sobre la longevidad se basa, sobre todo, en el efecto antioxidante y antiinflamatorio para conseguir enlentecer el proceso (3).
Se han publicado varios ensayos clínicos (indicados en la tabla 1) donde se demuestra el potencial papel beneficio-so de los probióticos a la hora de disminuir la inflamación crónica de bajo grado, mejorar la función cognitiva y, por lo tanto, colaborar en reducir la fragilidad en las personas de mayor edad.
PREBIÓTICOS:
La población de esta franja etaria suele tener una ingesta in-adecuada de minerales (como hierro) y vitaminas (como la vitamina D y las vitaminas B12 y B9) (3). Esto, sumado al menor consumo de fibra, puede provocar a su vez un descenso de grupos bacterianos encargados de producir AGCC, lo cual altera la inmunidad y favorece la inflamación de la mucosa intestinal. De esta manera, se propone que la suplementación con prebióticos podría actuar como una herramienta adicional moduladora de la microbiota intestinal.
La mayor parte de los estudios realizados sobre prebióticos en personas de edad avanzada se realizan con oligosacáridos de fructosa y de galactosa. Dentro de los resultados, se observa el aumento de bacterias como bifidobacterias y lactobacilos en el colon. Esto favorece la producción de ácido láctico, acéti-co y butírico, y la disminución de enterobacterias patógenas
(3). Además de aumentar poblaciones beneficiosas en la mi-crobiota como las bifidobacterias, algunos prebióticos pueden mejorar el estado inmunológico de la gente de edad avanzada.
Estos resultados se muestran en la tabla 2.
10. CONCLUSIONES
En el envejecimiento se evidencia una situación de inestabilidad en la microbiota intestinal, asociada con la modificación de su diversidad y de bacterias anaeróbicas. También se observa un descenso de los grupos que favorecen la producción de ácidos grasos de cadena corta. A pesar de ello, las personas de edad avanzada podrían mantener las poblaciones microbianas intes-tinales con una composición similar a la de los adultos jóvenes, implementando ciertos hábitos como una dieta equilibrada y un estilo de vida saludable como es el ejercicio físico.
Se han demostrado beneficios de la dieta mediterránea, de la restricción calórica y de las dietas con aporte de compuestos antioxidantes, sobre la disminución de procesos de oxidación e inflamación, habituales en el envejecimiento.
En cuanto a la ingesta de macronutrientes, el consumo de una cantidad adecuada de proteínas ayuda a evitar la sarcopenia y fragilidad características del proceso de envejecimiento, aunque a nivel de la microbiota intestinal las alteraciones producidas pueden tener efectos negativos en cuanto a la composición microbiana. Las dietas altas en grasas saturadas y azúcares simples pueden producir cambios microbianos en poco tiempo, favoreciendo la disbiosis intestinal. El consumo de carbohidratos ricos en fibra ha demostrado efectos positivos mejorando la barrera intestinal, favoreciendo la producción de ácidos grasos de cadena corta y, por lo tanto, un efecto antiinflamatorio. Por otro lado, una relación adecuada de proteínas a carbohidratos de la dieta, ayuda a disminuir el metabolismo intestinal proteico (que puede formar compuestos proinflamatorios) gracias a su acción fermentativa.
El ejercicio físico moderado es beneficioso para mantener una microbiota intestinal adecuada, al favorecer bacterias productoras de butirato.
Los factores socioeconómicos favorables y las interacciones sociales se relacionan con una microbiota saludable. En cambio, el aislamiento y la soledad aumentan el estrés y, con ello, favorecen la inflamación.
Los probióticos ayudan a mantener la diversidad microbiana, aumentando las bacterias beneficiosas y disminuyendo las patógenas. El papel de los probióticos sobre la longevidad se basa en el efecto antioxidante y antiinflamatorio para conseguir enlentecer el proceso, por lo tanto su consumo podría mejorar tanto la función inmune como la cognitiva. Esto es debido, sobre todo, a la regulación sobre el balance entre microbios con acción proinflamatoria y antiinflamatoria.
Los efectos atribuibles a los prebióticos son aumentar poblaciones beneficiosas en la microbiota como las bifidobacterias (efecto bifidogénico) y mejorar el estado inmunológico y los marcadores antiinflamatorios de la gente de edad avanzada.
En resumen, la evidencia científica disponible destaca el papel del microbioma intestinal en los procesos asociados con el en-vejecimiento y su potencial como diana de intervención. En este contexto, las estrategias dirigidas a modular su composición y actividad metabólica representan herramientas prometedoras para favorecer un envejecimiento saludable, aunque se requieren estudios clínicos adicionales que permitan confirmar su eficacia y establecer recomendaciones específicas.
Tabla 1
Resumen de ensayos realizados con probióticos en personas mayores
| INTERVENCIÓN | PERIODO | PARTICIPANTES | RESULTADO | REFERENCIAS |
| Probióticos (Lactobacillus gasseri KS-13, Bifidobacterium bifidum G9-1, Bifidobacterium longum MM2) | 3 semanas | 32 participantes de edad entre 65-80 años | Aumento de factores antiinflamatorios (IL-10). bacterias ácido lácti-cas y bifidobacteriumFaecalibacterium prausnitziiEscherichia coli | Spaiser et al., 2015 |
| Probióticos (Bifidobacterium longum Bar33 y Lactobacillus helveticus Bar13) | 30 días | 98 participantes de 75 o más años | Mejoría de la inmu-nidad (actividad de células NK, ¯memoria de células T.) | Finamore et al., 2019 |
| Clostridium butyricum | 12 semanas | 19 participantes de 65 o más años de edad | Mejoría de la inmu-nidad y de niveles de biomarcadores como IFN-g, ocludina y prealbúmina | Liu et al., 2022 |
| Bifidobacterium bifidum BGN4 y Bifidobacterium longum BORI | 12 semanas | 53 sujetos de 65 o más años de edad | BDNF y ¯ en la inflamación causada por bacterias como Eubacterium, Allisonella o Prevotellaceae. | Kim et al., 2021 |
| Lactiplantibacillus plantarum OLL2712 | 12 semanas | 78 sujetos de 65 o más años de edad | Mejoría de la memoria compuesta y visual. ¯respuesta inflamato-ria por el descenso de Lachnoclostridium, Monoglobus, Oscillibacter | Sakurai et al., 2022 |
| Lactobacillus rhamnosus GG (LGG) | 12 semanas | 169 sujetos de edad media | Mejoría de la función cognitiva | Aljumaah et al., 2022 |
| Lactobacillus reuteri | 12 semanas | 90 sujetos de entre 75-80 años | Reducción de la pérdida de masa ósea | Nilsson et al., 2018 |
Fuente: Basado en Lim & Nam, 2023 (15)
Tabla 2
Resumen de ensayos realizados con prebióticos
| INTERVENCIÓN | PERIODO | PARTICIPANTES | RESULTADO | REFERENCIAS |
| Oligosacáridos de arabinoxilano de salvado de trigo (AXOS) | 10 días | 21 participantes mayores de 60 años | de bifidobacterias. Sin efecto significativo en glucosa, colesterol (HDL y LDL), triglicéridos o calprotectina fecal | Chung et al., 2020 |
| Inulina de cadena larga de achicoria | 2 meses | 26 participantes de entre 55 y 80 años de edad | de bifidobacterias. Sin efecto significativo en la respuesta inmune, ni en AGCC | Kiewiet et al., 2021 |
| Almidón resistente | 12 semanas | 84 participantes a partir de 30 años (en grupos de 30-50 y en mayores de 70 años de edad | de bifidobacterias y significativo de butirato fecal en los adultos mayores | Alfa et al., 2018 |
| Fibra (Helianthus tuberosus) | 1 semana | 35 participantes mayores de 65 años de edad | ¯ Ruminococcus y efectos favorables en los niveles de glucosa postprandial | Kim et al., 2020 |
Fuente: Basada en Lim & Nam, 2023(15). AGCC: Ácidos grasos de cadena corta
Tabla 3
Resumen de ensayos realizados con sinbióticos
| INTERVENCIÓN | PERIODO | PARTICIPANTES | RESULTADO | REFERENCIAS |
| Fórmula sinbiótica de tres probióticos “(L.plantarum PBS067, L. acidophilus PBS066, y L. reuteri PBS072)” con prebióticos activos | 60 días | 60 participantes de entre 65 y 80 años de edad | Mejoría de los patrones del síndrome metabólico y FRCV como la RI | Cicero et al., 2021 |
| Sinbiótico: extractos de soja y yacón con Bifidobacterium animalis ssp. lactis BB-12 | 4 semanas | 138 participantes ≥ 65 años de edad (Simbiótico: 67 Placebo: 71) | Sin diferencias significativas en el número de Bifidobacterium, Clostridia o Enterobacterias - niveles de poliaminas -Sin efectos significativos sobre las citocinas proinflamatorias | Manzoni et al., 2017 |
Tabla 3. Continuación
| INTERVENCIÓN | PERIODO | PARTICIPANTES | RESULTADO | REFERENCIAS |
| Probiótico: Dieta alta en proteínas (HPD) + “B. bifidum, B. breve, B. longum, L. acidophilus, L. plantarum” Prebiótico: HPD + inulina Sinbiótico: HPD + probiótico + inulina Placebo: HPD sola | 2 semanas por intervención con HPD | 26 pacientes de ≥ 65 años de edad | -Periodos HPD (combinados): -Lactobacillus, Lactococcus, Streptococcus -¯ bacterias que producen butirato (Roseburia y Anaerostipes) - masa libre de grasa -Sin efectos significativos en los indicadores de bienestar | Ford et al., 2020 |
Fuente: Basada en Lim & Nam, 2023.(15) FRCV: Factores de riesgo cardiovascular. RI: Resistencia a la insulina
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