Poda sináptica y plasticidad cerebral: un modelo conceptual integrador para la salud mental
Resumen
La evidencia contemporánea permite comprender la poda sináptica como un proceso activo, dinámico y regulado de refinamien-to neuronal que contribuye a la optimización funcional de las redes cerebrales. Este mecanismo emerge de la interacción entre sistemas neuronales e inmunológicos, con participación destacada de la microglía, el sistema del complemento y la señalización astroglial en la selección y eliminación de conexiones sinápticas.
Más allá de sus bases celulares, la poda sináptica forma parte de procesos más amplios de plasticidad cerebral cuya expresión depende de múltiples condiciones biológicas y experienciales. A partir de una revisión narrativa de la literatura, se propone un modelo conceptual integrador que organiza distintos dominios potencialmente moduladores de la plasticidad cerebral: regulación neurobiológica y sueño, regulación corporal y sensoriomotora, interacción con el entorno y experiencias significativas, y procesos cognitivos vinculados al aprendizaje y la adaptación.
Asimismo, se integran hallazgos provenientes del neurodesarrollo, la psiquiatría y la neurodegeneración para diferenciar entre formas adaptativas y aberrantes de refinamiento sináptico, incluyendo fenómenos de hiperpoda e hipopoda descritos en distintas condiciones clínicas. Se discuten además las implicancias de esta perspectiva para la comprensión de la salud mental y para el diseño de intervenciones orientadas a promover entornos favorables para la plasticidad cerebral.
El modelo presentado debe interpretarse como una formulación conceptual destinada a integrar evidencia proveniente de distintos niveles de análisis y no como una estructura empíricamente validada. En conjunto, esta propuesta busca ofrecer un marco teórico que facilite el diálogo entre la neurociencia básica, la psiquiatría y la práctica clínica.
Palabras clave
Poda sináptica; plasticidad cerebral; microglía; sistema del complemento; neurodesarrollo; sueño; estrés; regulación neurobioló-gica; experiencia; salud mental.
Introducción
La plasticidad cerebral constituye una propiedad fundamental del sistema nervioso que permite la adaptación de las redes neuronales a las demandas del desarrollo, la experiencia y los cambios del entorno a lo largo del ciclo vital. A través de múlti-ples mecanismos celulares y moleculares, el cerebro modifica continuamente su organización funcional y estructural, posi-bilitando procesos de aprendizaje, especialización funcional, adaptación y recuperación frente a distintos desafíos biológi-cos y ambientales (1,2,3,4).
Entre los mecanismos que participan en esta capacidad adap-tativa, la poda sináptica ocupa un lugar central. La evidencia contemporánea permite comprenderla como un proceso ac-tivo y regulado de refinamiento sináptico, mediante el cual el sistema nervioso selecciona, estabiliza o elimina conexio-nes en función de señales biológicas y patrones de actividad neuronal. Este proceso contribuye a la optimización de la co-nectividad cerebral, favoreciendo configuraciones de red más eficientes, específicas y funcionalmente relevantes (1,2,3,4).
La relevancia de la poda sináptica se vincula directamente con el funcionamiento posterior de las redes neuronales. El refinamiento sináptico contribuye a la eficiencia de la trans-misión neuronal, la especialización de circuitos y la optimi-zación de la relación señal/ruido, aspectos esenciales para el procesamiento de la información. En este sentido, tanto una eliminación excesiva como insuficiente de sinapsis se han asociado con patrones de conectividad alterados, vinculados a diversas condiciones neuropsiquiátricas (5,6,7,8,9,10,11). De este modo, la poda puede entenderse como uno de los me-canismos mediante los cuales la plasticidad cerebral ajusta la organización funcional de las redes neuronales.
En el nivel celular, la poda sináptica emerge de la interac-ción entre sistemas neuronales e inmunológicos. La microglía desempeña un papel central en la eliminación selectiva de sinapsis mediante mecanismos de fagocitosis regulados por señales de marcaje molecular, entre las que destacan com-ponentes del sistema del complemento, particularmente C1q y C3 (12,13,14,15). Asimismo, los astrocitos y la matriz ex-tracelular participan en la modulación del entorno sináptico, contribuyendo tanto a la estabilización como a la eliminación de conexiones neuronales (16,17).
Sin embargo, la expresión de estos mecanismos no depende exclusivamente de procesos locales. Diversos factores sistémi-cos influyen sobre la plasticidad cerebral y sobre los contextos en los cuales ocurre el refinamiento sináptico. El sueño ha sido propuesto como un regulador fundamental de la homeos-tasis sináptica, facilitando procesos de selección y reorgani-zación neuronal (18,19). Del mismo modo, el estrés crónico y la activación sostenida del eje hipotálamo–hipófiso–adrenal pueden alterar la estructura y función de las redes neuronales, particularmente en regiones como la corteza prefrontal y el hipocampo (20,21). Asimismo, la actividad física, la interac-ción con entornos enriquecidos y la experiencia desempeñan un papel relevante en la modulación de la plasticidad cerebral (22,23).
Desde una perspectiva clínica, la comprensión de estos pro-cesos ha adquirido creciente relevancia. Fenómenos de refina-miento sináptico aberrante han sido implicados en trastornos del neurodesarrollo, enfermedades psiquiátricas y condiciones neurodegenerativas (6,7,10,11,15). Sin embargo, gran parte de los enfoques actuales tienden a analizar estos factores de manera fragmentada, dificultando una comprensión integrada de las múltiples condiciones que influyen sobre la plasticidad cerebral y sus manifestaciones clínicas.
Desde el punto de vista metodológico, el presente trabajo co-rresponde a una revisión narrativa con propuesta conceptual. Su objetivo no es realizar una revisión sistemática de la lite-ratura ni desarrollar un modelo empíricamente validado, sino integrar hallazgos provenientes de distintos campos de inves-tigación relacionados con la poda sináptica, la plasticidad ce-rebral y la neuropsiquiatría.
En este marco, se propone un modelo conceptual integrador que organiza distintos dominios potencialmente moduladores de la plasticidad cerebral: regulación neurobiológica y sueño, regulación corporal y sensoriomotora, interacción con el entor-no y experiencias significativas, y procesos cognitivos vincula-dos al aprendizaje y la adaptación. Desde esta perspectiva, la poda sináptica se considera uno de los mecanismos biológicos a través de los cuales estas condiciones pueden influir sobre la organización funcional de las redes neuronales.
El modelo presentado debe interpretarse como una formula-ción conceptual destinada a integrar evidencia proveniente de distintos niveles de análisis y facilitar el diálogo entre la neu-rociencia básica, la psiquiatría y la práctica clínica. Su pro-pósito principal es ofrecer un marco teórico para comprender cómo diferentes dominios biológicos y experienciales pueden contribuir, de manera interdependiente, a la regulación de la plasticidad cerebral a lo largo del ciclo vital.
2. Reconceptualización de la poda sináptica
La evidencia acumulada en las últimas décadas permite con-ceptualizar la poda sináptica como un proceso activo, diná-mico y regulado de selección y refinamiento de conexiones neuronales, más que como una simple reducción estructural del número de sinapsis. Este proceso se inscribe dentro de los mecanismos de plasticidad dependiente de la actividad, mediante los cuales las redes neuronales ajustan su organi-zación en función de patrones de uso, señales moleculares y condiciones del entorno (25).
En este marco, la poda sináptica puede entenderse como un proceso de selección competitiva entre sinapsis, en el cual aquellas conexiones que participan de manera más eficiente en circuitos funcionales tienden a estabilizarse, mientras que las menos activas o redundantes son eliminadas. Este principio de “uso-dependencia” ha sido ampliamente descrito en modelos de desarrollo y aprendizaje, donde la actividad neuronal guía tanto la consolidación como la eliminación sináptica (26,27).
Este proceso ocurre en el contexto de una sobreproducción inicial de sinapsis, seguida de una fase de refinamiento pro-
gresivo. Lejos de ser un fenómeno exclusivamente madurativo, la poda sináptica se extiende a lo largo del ciclo vital, parti-cipando en la reorganización de redes en función de nuevas demandas cognitivas, cambios ambientales y procesos adap-tativos (28,29).
Desde una perspectiva funcional, la poda sináptica contribuye a la optimización de las redes neuronales, favoreciendo con-figuraciones más eficientes, específicas y energéticamente sostenibles. Este refinamiento impacta en propiedades clave como la sincronización neuronal, la especialización de circui-tos y la relación señal/ruido, aspectos esenciales para el pro-cesamiento cognitivo y emocional (19).
En este contexto, resulta relevante distinguir entre poda adap-tativa y poda aberrante. La primera se asocia a procesos de especialización funcional y ajuste eficiente de redes, mientras que la segunda implica alteraciones en los mecanismos de selección sináptica, ya sea por exceso (hiperpoda) o defecto (hipopoda). Estas formas disfuncionales han sido vinculadas a distintos cuadros clínicos, incluyendo la esquizofrenia, donde la evidencia sugiere un posible exceso de eliminación sinápti-ca mediado por el sistema del complemento (7); y los trastor-nos del espectro autista, donde existen múltiples mecanismos etiológicos que podrían proponer déficits en los mecanismos de poda (6).
Esta distinción permite desplazar una visión cuantitativa de la poda sináptica —centrada en la pérdida de conexiones—hacia una comprensión cualitativa, en la que lo relevante no es únicamente cuántas sinapsis se eliminan, sino qué sinapsis son seleccionadas, en qué contexto y bajo qué condiciones re-gulatorias. En este sentido, la poda sináptica puede ser enten-dida como un proceso de optimización funcional dependiente de múltiples niveles de organización biológica y experiencial.
Esta reconceptualización constituye el punto de partida para el modelo propuesto en este trabajo, en el que la poda sináp-tica no se considera un fenómeno aislado, sino el resultado de la interacción jerárquica entre condiciones neurobiológicas, corporales y ambientales que modulan el desarrollo y funcio-namiento de las redes neuronales.
3. Bases celulares e inmunoneuronales de la poda sináptica
La poda sináptica es un proceso biológicamente regulado que emerge de la interacción entre células neuronales y sistemas inmunes residentes del sistema nervioso central. Lejos de constituir un fenómeno exclusivamente neuronal, el refina-miento sináptico depende de mecanismos inmunoneuronales que permiten la identificación, marcaje y eliminación selecti-va de conexiones sinápticas.
En este contexto, la microglía desempeña un rol central como regulador activo del refinamiento sináptico. En condiciones fisiológicas, estas células mantienen un estado de vigilancia dinámica, interactuando de manera continua con sinapsis y dendritas. A través de procesos de fagocitosis selectiva, la microglía elimina sinapsis específicas en función de señales
moleculares y patrones de actividad neuronal, contribuyendo a la organización funcional de los circuitos (30, 31).
Un componente clave de este proceso es el sistema del com-plemento, particularmente las proteínas C1q y C3, que parti-cipan en el marcaje de sinapsis destinadas a ser eliminadas. Estas moléculas actúan como señales “eat-me”, facilitando el reconocimiento de las conexiones sinápticas por parte de la microglía y promoviendo su fagocitosis. Este mecanismo, inicialmente caracterizado en el desarrollo, ha sido posterior-mente implicado en procesos patológicos cuando su regula-ción se altera (32,33,34).
Además de la microglía, los astrocitos participan activamente en la regulación del entorno sináptico, contribuyendo tanto a la eliminación como a la estabilización de conexiones. A tra-vés de la modulación de neurotransmisores, factores tróficos y componentes de la matriz extracelular, los astrocitos influyen en la disponibilidad y funcionalidad de las sinapsis, integran-do señales metabólicas y neuronales (35).
Estos procesos ocurren en un delicado equilibrio entre seña-lización fisiológica y estados proinflamatorios. En condiciones normales, la actividad microglial se encuentra finamente regu-lada y orientada al mantenimiento de la homeostasis sinápti-ca. Sin embargo, distintos factores —como el estrés crónico, la inflamación sistémica o alteraciones del entorno— pueden inducir cambios en el fenotipo microglial, promoviendo esta-dos de activación que modifican los patrones de poda sináp-tica (24, 35).
En este sentido, la poda sináptica no responde únicamente a programas intrínsecos del desarrollo, sino que refleja un pro-ceso altamente sensible al estado del organismo y a su inte-racción con el entorno. La regulación inmunoneuronal de este mecanismo constituye, por tanto, un punto de convergencia entre biología, experiencia y vulnerabilidad clínica, estable-ciendo las bases para comprender cómo distintas condiciones pueden favorecer patrones de poda adaptativa o aberrante.
4. Modelo conceptual de condiciones modulado-ras de la plasticidad cerebral
Los mecanismos biológicos descritos previamente permiten comprender que la poda sináptica no constituye un proceso aislado ni exclusivamente dependiente de eventos celulares locales. Por el contrario, la evidencia disponible sugiere que su expresión se encuentra influida por múltiples factores bio-lógicos y experienciales que modulan la plasticidad cerebral (18–24,31,34,37–39).
A partir de esta integración, proponemos un modelo concep-tual organizado en cuatro condiciones potencialmente facili-tadoras de la plasticidad cerebral: una condición basal vincu-lada a la regulación neurobiológica y el sueño, una condición corporal asociada al movimiento y la regulación sensoriomoto-ra, una condición experiencial relacionada con la interacción significativa con el entorno y una condición cognitiva vincula-da al aprendizaje formal y la estimulación dirigida.
Estas condiciones no deben interpretarse como una secuen-cia rígida ni como una jerarquía empíricamente demostrada. Se presentan como una herramienta conceptual destinada a organizar distintos factores que pueden influir sobre los pro-cesos de refinamiento sináptico y reorganización cerebral, facilitando la integración entre conocimientos provenientes de la neurociencia básica, la psiquiatría y la práctica clínica (24,31,39).
4.1. Condición basal: regulación neurobiológica y sueño
La regulación adecuada de la poda sináptica depende de cier-tas condiciones basales que favorecen la estabilidad funcional del sistema nervioso. Entre ellas destacan la regulación neu-robiológica y la calidad del sueño, dos factores estrechamente vinculados con los mecanismos que sostienen la plasticidad cerebral (18,19,20,21,24,31,34,37).
En este trabajo, el término seguridad neurobiológica se utiliza como una denominación heurística para describir un estado de regulación neurobiológica caracterizado por una relativa es-tabilidad fisiológica, incluyendo la regulación del eje hipotá-lamo–hipófiso–adrenal (HHA), el equilibrio entre señales pro-inflamatorias y antiinflamatorias, el adecuado funcionamiento de sistemas de neuromodulación y la estabilidad de la activi-dad neuronal y metabólica (20,21,24,34).
Este estado no implica ausencia de demandas, sino la capa-cidad del organismo para responder a ellas sin generar activa-ciones sostenidas que alteren los mecanismos de plasticidad sináptica.
Desde esta perspectiva, la seguridad neurobiológica consti-tuye una condición basal que favorece que los procesos de refinamiento sináptico ocurran dentro de rangos adaptativos. Su alteración puede modificar la dinámica de los sistemas inmunoneuronales, particularmente la actividad microglial, favoreciendo patrones de poda menos regulados o despropor-cionados (24,31,34).
El estrés crónico constituye uno de los principales factores de desregulación de esta condición. La activación sostenida del eje HHA y la exposición prolongada a glucocorticoides se asocian con alteraciones en la estructura y función de las re-des neuronales, particularmente en la corteza prefrontal y el hipocampo (20,21,34).
El sueño desempeña un papel fundamental en la regulación de la homeostasis sináptica. Durante el ciclo sueño-vigilia se producen procesos de ajuste de la fuerza sináptica que favo-recen la consolidación de aprendizajes relevantes y la elimina-ción de conexiones redundantes, contribuyendo a mantener la eficiencia de las redes neuronales (18,19,37).
Asimismo, la interacción entre sueño y microglía representa un área de creciente interés. La evidencia disponible sugiere que la actividad microglial varía en función de los estados de sueño y vigilia, modulando procesos de poda y mantenimiento sináptico. La privación de sueño puede inducir cambios en el
fenotipo microglial y alterar mecanismos de regulación sináp-tica (31,37).
En conjunto, estos hallazgos sugieren que la regulación neu-robiológica y el sueño no constituyen un mero contexto pasi-vo, sino condiciones relevantes para que la poda sináptica y la plasticidad cerebral se desarrollen de manera adaptativa (18,19,24,31,37).
Desde una perspectiva clínica, esto implica que intervenciones centradas exclusivamente en el aprendizaje o la estimulación cognitiva pueden resultar limitadas cuando estas condiciones básicas de regulación se encuentran comprometidas.
4.2. Condición corporal: movimiento y regulación sensoriomotora
La plasticidad cerebral no depende exclusivamente de proce-sos neuronales intrínsecos, sino que se encuentra profunda-mente influida por la actividad corporal y la regulación senso-riomotora (22,23,38).
El movimiento, la exploración activa del entorno y la integra-ción de señales propioceptivas, vestibulares y exteroceptivas generan patrones de actividad neuronal que participan en la organización y el refinamiento de los circuitos cerebrales (22,38).
La actividad física se ha asociado de manera consistente con cambios en la plasticidad cerebral a través de múltiples meca-nismos biológicos, incluyendo el aumento de factores neuro-tróficos como el BDNF, la regulación de IGF-1 y la modulación de la actividad microglial (22,23,38).
Desde una perspectiva del desarrollo, el juego motor y la ex-ploración activa del entorno constituyen contextos privilegiados para el refinamiento sináptico. La experiencia sensoriomotora genera patrones de activación neuronal que favorecen la conso-lidación de circuitos funcionalmente relevantes mediante me-canismos de plasticidad dependiente de la actividad (22,38).
Asimismo, la actividad corporal influye sobre otras condiciones moduladoras de la plasticidad cerebral, incluyendo la regula-ción del estrés y la calidad del sueño, lo que refuerza su carác-ter transversal dentro del modelo propuesto (20,21,37,38).
Desde una perspectiva clínica, estos hallazgos sugieren que las intervenciones orientadas a promover la plasticidad cere-bral deberían incorporar estrategias que favorezcan el movi-miento, la exploración activa y la regulación sensoriomotora (22,23,38).
4.3. Condición experiencial: interacción significa-tiva con el entorno
La poda sináptica no depende únicamente de la activación neuronal, sino también de las características cualitativas de la experiencia que modula dicha activación (10,24,39).
La evidencia disponible sugiere que los procesos de refina-miento sináptico están profundamente influenciados por el
uso significativo de los circuitos neuronales, más que por la mera exposición a estímulos (10,39).
Los modelos de enriquecimiento ambiental muestran que en-tornos complejos que combinan estimulación sensorial, acti-vidad motora y oportunidades de exploración producen modi-ficaciones en la densidad sináptica, la plasticidad neuronal y la organización de los circuitos (10,22,39).
En este contexto, el juego libre, particularmente durante eta-pas tempranas del desarrollo, constituye un entorno privile-giado para el refinamiento sináptico al combinar exploración, variabilidad, repetición y regulación emocional (10, 39).
De manera similar, las experiencias artísticas y multisenso-riales generan contextos de integración entre percepción, emoción y acción, promoviendo la activación simultánea de múltiples sistemas neuronales y favoreciendo procesos de se-lección sináptica más integrados (22, 39).
Asimismo, la microglía responde activamente a señales de-rivadas del entorno y de la experiencia, modulando procesos de conservación o eliminación de conexiones neuronales en función del contexto (24,31).
Desde esta condición, la experiencia puede entenderse como uno de los factores que orientan la conservación o eliminación selectiva de conexiones neuronales. No se trata simplemente de la cantidad de estimulación, sino de la calidad, organiza-ción, coherencia y significado de la experiencia (10,39).
Desde una perspectiva clínica y educativa, estos hallazgos des-tacan la importancia de promover entornos que favorezcan expe-riencias significativas, integradas y emocionalmente reguladas.
4.4. Condición cognitiva: aprendizaje formal y es-timulación dirigida
La condición cognitiva representa una dimensión relevante en la organización y especialización de las redes neuronales (11,39).
El aprendizaje dirigido y la estimulación cognitiva específica contribuyen al ajuste fino de circuitos asociados a funciones ejecutivas, lenguaje, razonamiento y procesamiento simbólico mediante mecanismos de plasticidad dependiente de la acti-vidad (11,39).
Sin embargo, la evidencia sugiere que estos procesos operan sobre una base previamente modulada por condiciones bioló-gicas, corporales y experienciales (20,21,24,39).
La eficacia de la estimulación cognitiva depende en gran me-dida de la integridad de los sistemas que regulan la plas-ticidad cerebral, incluyendo la homeostasis neurobiológica, la regulación sensoriomotora y la calidad de la experiencia (20,21,24,38,39).
Asimismo, distintos estudios en psicopatología han mostrado que alteraciones en la regulación emocional, el estrés crónico o la disrupción del sueño pueden interferir con el aprendizaje
y la consolidación de circuitos cognitivos (11,20,21,37).
Desde una perspectiva clínica, este enfoque invita a reconsi-derar modelos de intervención centrados exclusivamente en el entrenamiento cognitivo y a incorporar estrategias que con-templen simultáneamente las condiciones biológicas y expe-rienciales que hacen posible la plasticidad cerebral.
En el marco del modelo propuesto, la condición cognitiva pue-de entenderse como un ámbito de refinamiento especializado de las redes neuronales. Su eficacia depende, en gran medida, de la presencia de condiciones favorables para la plasticidad cerebral, incluyendo la regulación neurobiológica, la expe-riencia corporal y la interacción significativa con el entorno (11,24,39).
5. Poda sináptica a lo largo del ciclo vital
La poda sináptica suele asociarse al desarrollo cerebral tem-prano; sin embargo, la evidencia contemporánea indica que los mecanismos de remodelación y refinamiento sináptico persisten a lo largo de toda la vida, aunque con diferentes in-tensidades, funciones biológicas y consecuencias funcionales según la etapa evolutiva considerada (1,29,43). Más que un evento circunscripto a la infancia, la poda puede entenderse como un proceso continuo de reorganización de circuitos que acompaña la adaptación del sistema nervioso a las demandas cambiantes del entorno.
5.1. Infancia: organización inicial de los circuitos neuronales
Durante la infancia temprana ocurre una intensa producción de conexiones sinápticas, seguida por períodos progresivos de refinamiento. Este proceso permite transformar redes inicial-mente redundantes en circuitos más específicos y eficientes, optimizando la transmisión de información y favoreciendo la especialización funcional de distintas regiones cerebrales (1,26).
La experiencia desempeña un papel central en esta etapa. La actividad neuronal asociada a la exploración del entorno, la interacción social, el juego y el aprendizaje temprano contri-buye a la estabilización de determinadas conexiones y a la eliminación de otras menos funcionales. Este refinamiento de-pendiente de la experiencia resulta particularmente relevante durante los denominados períodos sensibles del desarrollo, en los cuales ciertos sistemas neuronales presentan una elevada capacidad de reorganización (27).
Desde una perspectiva funcional, la poda sináptica infantil per-mite la consolidación de circuitos perceptivos, motores, lingüís-ticos y socioemocionales, constituyendo uno de los mecanismos fundamentales de la organización cerebral temprana.
5.2. Adolescencia: refinamiento de redes asociati-vas y ejecutivas
La adolescencia representa uno de los períodos de mayor reorganización cerebral posteriores a la primera infancia. Di-
versos estudios estructurales y funcionales han mostrado que durante esta etapa persisten procesos significativos de remo-delación sináptica, particularmente en regiones asociativas y prefrontales involucradas en funciones ejecutivas, regulación emocional y toma de decisiones (29,44).
Este refinamiento se asocia con una reducción progresiva de la densidad de espinas dendríticas y con cambios en la co-nectividad funcional de gran escala, favoreciendo una mayor integración entre distintas redes cerebrales. Paralelamente, se observa un incremento en la eficiencia de la comunicación neuronal y una mejora gradual de procesos cognitivos com-plejos (45).
La adolescencia constituye también un período de especial vulnerabilidad neurobiológica. La coincidencia entre intensos procesos de reorganización cerebral y la aparición de diversos trastornos psiquiátricos ha llevado a proponer que alteraciones en los mecanismos de refinamiento sináptico podrían contri-buir a la emergencia de determinadas condiciones clínicas en individuos susceptibles (7,11).
5.3. Adultez: adaptación y optimización funcional
Aunque la intensidad de la poda disminuye respecto de etapas previas, la remodelación sináptica continúa durante la adul-tez. Los procesos de aprendizaje, adquisición de habilidades, adaptación a nuevas demandas ambientales y recuperación funcional tras lesiones implican modificaciones persistentes en la organización de los circuitos neuronales (4).
En esta etapa, los mecanismos de selección sináptica partici-pan principalmente en procesos de optimización funcional. La experiencia repetida, la práctica deliberada y la exposición a contextos enriquecidos favorecen la consolidación de determi-nadas redes y la reorganización de patrones de conectividad, contribuyendo a mantener la eficiencia del procesamiento neuronal (46).
La evidencia sugiere además que factores como el sueño, la actividad física, la regulación del estrés y la estimulación am-biental continúan modulando la plasticidad cerebral durante toda la vida adulta, influyendo sobre la capacidad de adapta-ción de las redes neuronales (19,21,38).
5.4. Envejecimiento: entre adaptación y vulnera-bilidad
Durante el envejecimiento se producen cambios estructurales y funcionales que afectan la organización de las redes neuro-nales. Sin embargo, estos cambios no deben interpretarse ex-clusivamente como procesos degenerativos. Diversos estudios muestran que el cerebro envejecido conserva una capacidad significativa de reorganización funcional y plasticidad adapta-tiva, aunque generalmente más limitada que en etapas previas (47).
En este contexto, resulta relevante distinguir entre remodela-ción fisiológica y pérdida sináptica patológica. Mientras que ciertos procesos de reorganización pueden representar meca-
nismos adaptativos frente a cambios asociados a la edad, la activación desregulada de vías involucradas en la poda sináp-tica ha sido implicada en enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer (15).
Particularmente, la reactivación aberrante de componentes del sistema del complemento y la participación de la mi-croglía en procesos excesivos de eliminación sináptica han emergido como mecanismos potencialmente relevantes en etapas tempranas de neurodegeneración (15,48). Estos ha-llazgos sugieren que sistemas originalmente involucrados en el refinamiento adaptativo de circuitos durante el desarrollo pueden participar posteriormente en fenómenos patológicos de pérdida sináptica.
5.5. Continuidad y transformación del proceso
Considerada en conjunto, la evidencia disponible indica que la poda sináptica no constituye un mecanismo uniforme a lo largo de la vida. Su función evoluciona desde la organización inicial de circuitos durante la infancia, pasando por el refina-miento de redes complejas en la adolescencia, hasta partici-par en procesos de adaptación, aprendizaje y reorganización funcional durante la adultez y el envejecimiento.
Esta perspectiva permite comprender la poda sináptica como un proceso dinámico de optimización de redes cuya expresión depende del contexto biológico, la experiencia y las deman-das funcionales propias de cada etapa del ciclo vital. Desde un punto de vista clínico, esta continuidad ofrece un marco integrador para interpretar fenómenos que abarcan desde el neurodesarrollo hasta la neurodegeneración, destacando la importancia de considerar los mecanismos de remodelación sináptica dentro de una visión longitudinal del funcionamien-to cerebral.
6. Limitaciones
El presente trabajo corresponde a una revisión narrativa con propuesta de modelo conceptual integrador y presenta diver-sas limitaciones que deben ser consideradas al interpretar sus planteos.
En primer lugar, el modelo propuesto constituye una formula-ción teórica destinada a organizar e integrar evidencia prove-niente de distintos campos de investigación relacionados con la plasticidad cerebral, la poda sináptica y la salud mental. La organización de las condiciones moduladoras descritas no representa una estructura empíricamente validada ni implica relaciones causales unidireccionales entre sus componentes. Su principal utilidad radica en ofrecer un marco conceptual para la comprensión de fenómenos complejos y para la gene-ración de hipótesis susceptibles de evaluación futura.
Asimismo, el modelo no presupone que todas las condicio-nes incluidas ejerzan una influencia equivalente sobre los procesos de plasticidad cerebral. La solidez de la evidencia disponible varía considerablemente entre los distintos com-ponentes analizados. Mientras que algunos mecanismos bio-lógicos, como la participación de la microglía y del sistema
del complemento en la eliminación sináptica, cuentan con un importante respaldo experimental, otros factores relacionados con dimensiones experienciales, corporales o cognitivas se sustentan principalmente en evidencias indirectas, observa-cionales o inferenciales.
En segundo lugar, una parte significativa de la evidencia que sustenta los mecanismos neurobiológicos descritos proviene de estudios experimentales en modelos animales y de inves-tigaciones básicas en neurociencias. Estos trabajos han per-mitido identificar procesos fundamentales relacionados con la microglía, el sistema del complemento, los astrocitos y la regulación de la plasticidad sináptica. Sin embargo, la extra-polación de dichos hallazgos a fenómenos clínicos humanos debe realizarse con cautela, considerando las diferencias exis-tentes entre especies y la complejidad de los contextos am-bientales, psicológicos y socioculturales propios del desarrollo humano.
Por otra parte, muchas de las asociaciones descritas entre poda sináptica, estrés, sueño, actividad física, experiencia, aprendizaje y funcionamiento cognitivo derivan de estudios observacionales o de investigaciones que evalúan marcadores indirectos de plasticidad cerebral. En consecuencia, la posi-bilidad de establecer relaciones causales definitivas permane-ce limitada. La complejidad de los procesos neurobiológicos involucrados dificulta atribuir cambios clínicos específicos a mecanismos aislados de remodelación sináptica.
Asimismo, las interacciones entre los distintos componentes incluidos en el modelo probablemente sean dinámicas, bidirec-cionales y dependientes del contexto. Factores biológicos, psi-cológicos, sociales y ambientales pueden influirse mutuamente a lo largo del desarrollo, generando trayectorias de plasticidad altamente heterogéneas que no pueden ser plenamente repre-sentadas mediante esquemas conceptuales simplificados.
En relación con las aplicaciones clínicas, las hipótesis de hi-perpoda e hipopoda en trastornos como la esquizofrenia o los trastornos del espectro autista constituyen modelos explicati-vos relevantes, pero no agotan la diversidad de mecanismos fisiopatológicos implicados en estas condiciones. De igual modo, la participación de procesos relacionados con la poda sináptica en enfermedades neurodegenerativas continúa sien-do un área de investigación activa, en la que persisten interro-gantes acerca de la secuencia temporal y la relevancia relativa de los distintos mecanismos involucrados.
Finalmente, se requieren estudios longitudinales, traslaciona-les y clínicos que permitan evaluar de manera más precisa las interacciones entre los factores incluidos en este modelo, así como determinar en qué medida la organización conceptual propuesta posee valor explicativo, predictivo o terapéutico en diferentes contextos clínicos y etapas del ciclo vital.
En consecuencia, el modelo aquí presentado debe entenderse como una propuesta integradora orientada a facilitar el diálo-go entre hallazgos provenientes de la neurociencia básica, la psiquiatría, la psicología del desarrollo y la práctica clínica. Su propósito principal es ofrecer una perspectiva organizadora
para la comprensión de la plasticidad cerebral y la poda sináp-tica, más que constituir una representación definitiva de los mecanismos que regulan estos procesos.
7. Conclusiones
La evidencia contemporánea permite comprender la poda sináptica como un proceso activo, dinámico y regulado que participa de manera central en la organización, adaptación y optimización funcional de las redes cerebrales. Lejos de cons-tituir un mecanismo exclusivamente asociado al desarrollo temprano, el refinamiento sináptico forma parte de procesos continuos de plasticidad cerebral que acompañan al individuo a lo largo de todo el ciclo vital.
Los hallazgos revisados muestran que la poda sináptica emerge de la interacción entre sistemas neuronales e inmunológicos, con participación destacada de la microglía, el sistema del complemento y otros mecanismos involucrados en la regulación de la conectividad cerebral. Sin embargo, estos procesos no ocurren de manera aislada. Su expresión se encuentra influida por múltiples factores relacionados con el estado biológico del organismo, la calidad del sueño, la experiencia corporal, la interacción con el entorno y los procesos de aprendizaje y adaptación.
A partir de esta evidencia, el presente trabajo propone un mo-delo conceptual integrador organizado en distintos dominios potencialmente moduladores de la plasticidad cerebral. Esta organización no debe interpretarse como una estructura empí-ricamente validada ni como una secuencia causal rígida, sino como una herramienta teórica destinada a facilitar la com-prensión de las interacciones entre distintos niveles de funcio-namiento biológico y conductual que pueden influir sobre los procesos de reorganización cerebral.
Desde una perspectiva clínica, este enfoque invita a ampliar la comprensión tradicional de la salud mental, incorporando una visión que considere simultáneamente factores neurobio-lógicos, corporales, experienciales y cognitivos. En este mar-co, la plasticidad cerebral puede entenderse menos como una propiedad aislada del cerebro y más como el resultado de la interacción continua entre el organismo y su entorno.
Finalmente, la propuesta aquí desarrollada busca contribuir al diálogo entre la neurociencia básica, la psiquiatría y la práctica clínica, ofreciendo un marco conceptual para la formulación de nuevas hipótesis de investigación y para el diseño de intervenciones orientadas a favorecer condiciones que promuevan una plasticidad cerebral adaptativa. La validación futura de este modelo requerirá estudios longitudinales, traslacionales y clínicos capaces de examinar de manera más precisa las relaciones entre los distintas condiciones considerados y su impacto sobre los procesos de reorganización sináptica a lo largo de la vida. En este marco, la plasticidad cerebral puede entenderse me-nos como una propiedad aislada del cerebro y más como el resultado de la interacción continua entre el organismo y su entorno.

Desde la perspectiva clínica, el reconocimiento de la plasticidad cerebral como un proceso dinámico y permanente obliga a replantear modelos tradicionales centrados exclusivamente en la lesión estructural o el déficit funcional. La evidencia acumulada en las últimas décadas demuestra que la capacidad de reorganización del sistema nervioso puede verse favorecida o limitada por múltiples factores biológicos, psicológicos y sociales.
El sueño, la actividad física, la estimulación cognitiva, la nu-trición, el control del estrés y la calidad de los vínculos inter-personales constituyen hoy variables con impacto demostrado sobre distintos mecanismos de plasticidad. Del mismo modo, numerosas intervenciones farmacológicas y psicoterapéuticas ejercen parte de sus efectos terapéuticos mediante la modula-ción de procesos neuroplásticos.
Estas observaciones poseen especial relevancia en campos tan diversos como el neurodesarrollo, la psiquiatría, la rehabilitación neurológica y las enfermedades neurodegenerativas. Comprender la plasticidad cerebral permite no sólo explicar fenómenos clínicos de recuperación o deterioro, sino también diseñar intervenciones más tempranas, integrales y personalizadas.
En este contexto, la plasticidad deja de ser un concepto exclusivamente neurobiológico para transformarse en una herramienta clínica que orienta la prevención, el tratamiento y la rehabilitación, favoreciendo una visión más amplia e integradora de la salud mental y neurológica.
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